Automedicarse: un modo de arriesgar la salud

Creer que conocemos nuestro cuerpo mejor que nuestro médico, junto a no dar importancia a muchas dolencias, mezclado todo ello a su vez con cierta pereza, dificultad en el acceso a la atención sanitaria ente otros factores de carácter psicológico, social e incluso económico, hace que en más ocasiones de las debidas optemos por automedicarnos.

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, cerca del 20 por ciento de la población, o lo que es lo mismo, uno de cada cinco españoles, consume medicamentos sin que se lo recete su médico. Y desde luego los mayores no nos quedamos atrás en eso de tomar pastillitas, y no precisamente de menta, sin pasar por la consulta del médico. De hecho, la población mayor de 65 años es una de las más propensas a la automedicación: más del 40% de la población geriátrica se automedica de alguna manera; es decir, cerca de la mitad de los ancianos toma tratamientos que no son conocidos por sus médicos, con los claros riesgos de efectos adversos, reacciones medicamentosas e interacciones.

Otro grupo poblacional, el de mujeres, jóvenes y solteras, parece ser el más proclive a este tipo de consumo, al menos según lo publicado en la revista ‘Pharmacoepidemiology and Drug Safety‘ (http://onlinelibrary.wiley.com/journal/10.1002/(ISSN)1099-1557/issues).En la investigación, que recoge datos de 2006 y 2007 de 20.738 personas procedentes del Sistema Nacional de Salud (SNS), se observa que del total de personas que se automedican, un 14,46% son hombres frente al 16,93% de mujeres, lo que se debe, según explica Pilar Carrasco, autora principal del estudio y titular del Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública, Inmunología y Microbiología de la Universidad Rey Juan Carlos(Madrid) (http://estudios.universia.net/espana/suborganismo/departamento-medicina-preventiva-salud-publica-inmunologia-microbiologia-medicas), aque “ellas sufren trastornos afectivos con mayor frecuencia y son más vulnerables en nuestra sociedad“, lo que “posiblemente se deba a una mayor predisposición entre las mujeres a reconocer y expresar su sintomatología“, añadiendo que “esta práctica también se relaciona con el tabaquismo, el consumo de alcohol y el uso de terapias alternativas“.

Pero el género y la edad no son los únicos factores que diferencian los hábitos de automedicación de la población. Éstos también varían dependiendo del nivel educativo, nacionalidad y hábitos de salud. Así, las mujeres solteras con estudios universitarios, los hombres que cobran un salario superior a 1.200 euros al mes y los varones inmigrantes tienen más probabilidades de ingerir fármacos sin receta.

En cualquier caso, si el automedicarse es siempre un riego, éste es aún mayor en edades avanzadas en las que se suelen seguir determinados tratamientos de forma crónica, con el consiguiente peligro de interacciones entre lo distintos fármacos, efectos secundarios e incluso intoxicaciones. Además, en las personas mayores, a causa de los procesos de envejecimiento (disminución de la masa muscular, de la función renal y hepática, etc.) suelen asimilar los medicamentos de diferente manera y se incrementa la posibilidad de presentar reacciones adversas.

Analgésicos, antipiréticos (para tratar los estados febriles) y fármacos destinados a aliviar el resfriado común o el dolor de garganta son los medicamentos más consumidos sin la correspondiente prescripción médica, una costumbre que según la doctora Carrasco, “A pesar de las connotaciones negativas que suele tener el concepto de automedicación, en la actualidad constituye la forma más significativa del autocuidado en la población“. En cualquier caso, la responsable de este estudio recomienda que “ante la duda, siempre se debe consultar a un profesional“, a lo que hay que sumar la iniciativa de la OMS, que pretende luchar contra esta práctica, para lo que propone crear espacios donde se informe a los ciudadanos del uso correcto de los fármacos ya que el uso irracional puede tener consecuencias graves en la salud individual y colectiva de la población.

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