Acoger a un futuro perro-guía para invidentes

En la actualidad  1000 personas con ceguera o discapacidad visual grave cuentan con un perro-guía y es el Departamento de Cachorros de la Fundación ONCE el encargado de buscar, formar y atender a las familias voluntarias de educadores desde su centro de operaciones en la FOPG (Fundación ONCE del Perro-Guía), que entrena alrededor de 100 perros anuales y desde donde más de mil usuarios y solicitantes de perro-guía, familias educadoras y cuidadoras son atendidos diariamente.

El encontrar una familia educadora que adopte y sociabilice al futuro perro-guía durante su primer año de vida es el primer paso. Para poder participar en esta labor, se deben cumplir una serie de requisitos:

  • Residir en la Comunidad de Madrid o limítrofes.
  • Disponer de vehículo y tiempo libre para desplazarse con el cachorro hasta la escuela, en Boadilla del Monte, cuando sea llamado bien por temas veterinarios o educativos (hay que tener presente que el horario es de lunes a viernes, siempre por las mañanas).
  • No dejar al perro sólo más de dos horas diarias.

Partiendo de estos requisitos mínimos los interesados en este tipo de acogida pueden solicitarla enviando a través de Internet un formulario o escribiendo un mail a [email protected] y en unos días la organización se pondrá en contacto con el solicitante a quien se le realizará una entrevista telefónica. Posteriormente uno de los supervisores realizará una visita al domicilio para valorar aspectos como la localización, el entorno, los miembros de la familia y la disponibilidad. En caso de superar estos pasos tendrá lugar una nueva entrevista, ya en la escuela, y se entregará al cachorro (de unos 2 meses) y todo el material necesario para su educación. Desde ese preciso instante y durante todo el período de tutela, que dura aproximadamente unos 10 meses, la organización proporcionará la comida, atención veterinaria e incluso residencia para cuando sea necesario, además, claro está, del apoyo técnico preciso para lograr una colaboración eficaz.

El último paso en esta fase inicial es la firma de un contrato en el que la persona que acoge al cachorro se compromete a educarlo conforme a las instrucciones que se le faciliten, y a devolverlo a la escuela cuando sea requerido para iniciar su periodo de entrenamiento. Durante la acogida, la labor de la familia educadora será esencialmente la de sociabilizar al perro, enseñándole a ser limpio, obediente, educado y afectuoso. El perro acompañará, de manera habitual, a la familia en sus salidas más frecuentes, pues tiene que acostumbrarse a entrar en las tiendas, grandes almacenes, cines… y todo tipo de transporte público. Por ley no se les puede prohibir el acceso a ninguno de estos lugares (bajo pena de una importante multa), pero para evitar complicaciones y a fin de que sean fácilmente identificables, los cachorros van provistos de un peto de color amarillo con el logotipo de la Fundación ONCE del Perro-Guía.

Una vez completado el aprendizaje, cuando el instructor determina que el perro está listo y basándose en las características de éste, buscará al solicitante más adecuado teniendo en cuenta factores como la velocidad de paso, peso, altura e iniciativa entre muchas otras características tanto del perro como de la persona usuaria y su entorno, para lograr una compenetración perfecta en la unidad “perro-usuario”. Tras la entrega del perro al que será su dueño definitivo, existe la posibilidad de que quien le ha acogido hasta entonces siga recibiendo información sobre su evolución e incluso conocer a la persona a la que guiará en los años siguientes.

Otra posibilidad es la de acoger a los perros reproductores, de los que se encargan las familias cuidadoras.

Principalmente se trabaja con tres razas de perros: labrador, golden retriever y pastor alemán, ya que los animales de estas razas, y cruces entre ellas mismas son muy adecuadas para la función de perro-guía por su correcto equilibrio temperamental. Son animales vivaces e inteligentes, con muchas ganas de aprender y gusto por el trabajo. En cualquier caso siempre se seleccionan los ejemplares más aptos, empezando por escoger a los ejemplares reproductores por medio de exigentes pruebas de carácter, un exhaustivo examen veterinario y desde luego también su estampa.

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