La clásica impedimenta del gentleman londinense incluía un buen traje de Saville Row, un sombrero hongo de St.James Street y un paraguas que obviamente no podía haberse cogido atropelladamente a la puerta del metro. Porque sin desmerecer el excelente servicio que puedan prestarnos los vendedores ambulantes, es una lástima que este predominio del paraguas de lance y de dudosa calidad haya degradado la categoría de uno de los complementos masculinos con mayor solera.
Sin embargo, siguen quedando un puñado de artesanos que no renuncian a hacer finos objetos de precisión, delicadas piezas ensambladas por orfebres que prescinden de mecanismos automáticos y remates de plástico y que siguen siendo objetos codiciados por dandis y caballeros.
Las dos más conocidas, no podía ser de otro modo, están en la capital inglesa, relativamente cerca la una de la otra. James Smith & Sons en New Oxford Street representa una cara amable del conservadurismo británico, pues su tienda parece anclada en la fecha de su apertura al público en 1830. Salvo algunas bagatelas como petacas y adornos de cuerno, se dedican exclusivamente a la venta de paraguas y bastones manufacturados. Por entre 175 y 120 Libras puede tenerse un estupendo paraguas clásico de mango de castaño, vengué o Malacca, aunque también los hagan de bolsillo e incluso desmontables de viaje, por precios algo más módicos.
Swaine Adeney Brigg tiene un aire menos castizo y más upper class, como delata su mismo establecimiento o el hecho de que también comercie con muchos otros artículos de lujo, como carteras de piel, sombreros y baúles de viaje. Sin embargo, la fama le proviene de sus espléndidos paraguas, acabados en maderas nobles y con fiabilísimos varillajes. Con mangos de cerezo, arce, bambú o nogal, están anillados con una arandela en la que pueden grabarse las iniciales y salen por una media de 230 libras. Una suma respetable, en efecto, aunque posiblemente de pocas otras cosas se pueda decir que con ese dinero se compra lo mejor del género en todo el mundo.
Tal vez la mezcla de snobismo y mal gusto de Flavio Briatore le permita competir en la categoría de paraguas más caro, con su artefacto en piel de cocodrilo impermeabilizada a 50.000 dólares la unidad, pero si hablamos de paraguas con clase y prestancia, mejor no dudar y darse un garbeo por la vieja capital imperial.
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