Hace tan sólo ocho años, cuando el Cardenal Ratzinger fue elegido sucesor de Pedro, asistimos por primera vez en la historia a la retransmisión en directo de los actos que rodean al cónclave. Siguiendo la misma línea de apertura a los medios de comunicación, ayer pudimos ver en directo incluso más detalles de las ceremonias de preparación para las votaciones que hace ocho años; pudiendo seguir los pasos de los purpurados hasta el momento que, tras pronunciarse el “Extra Omnes”, se han cerrado las puertas de la Sixtina, con los 115 electores dentro.
Esta situación histórica única nos ha permitido ver con detalle algunas de las más hermosas maravillas que atesora la Ciudad Eterna. A media mañana, en la Basílica de san Pedro, ha tenido lugar la Misa “Pro Eligendo Pontifice”, concelebrada por 115 cardenales electores; un marco inigualable que atesora piezas tan exquisitas como la Piedad de Miguel Ángel o elbaldaquino de Bernini, que se alza imponente sobre el altar sustentado por rotundas columnas salomónicas. Sólo este templo, bien vale una visita a la ciudad. Su original planta en forma de cruz griega, muy del gusto renacentista, fue proyecta por el gran Miguel Ángel y transformada a posteriori en la actual planta de cruz latina, fruto del proyecto de ampliación de Carlo Maderno; a quien también debemos el aspecto final de la fachada de la Basílica. Se trata de una muestra genial de equilibrio entre luces y sombras que se alza imponente como una de las mejores joyas del arte barroco; aunque, sin embargo, es la Plaza que la alberga, obra de Bernini, la que hace sentir al visitante como parte de un todo eterno, abrazado por los brazos de la Iglesia.
Tras la celebración de la Santa Misa, y antes de entrar en la Sixtina para comenzar el cónclave, los Arzobispos han pasado por la Capilla Paulina, donde el cardenal Giovanni Battista Re, ha hecho una breve intervención. Esta sala que, normalmente pasa desapercibida, fue proyectada por Antonio Sangallo “El joven” y atesora sin embargo grandes piezas artísticas: dos frescos de Miguel Ángel -La conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro-, así como otras interesantes piezas de Zuccaro y Sabattini.
Finalmente, los purpurados han entrado en la Capilla Sixtina, donde uno a uno han realizado los juramentos pertinentes y, tras pronunciarse el “Extra Omnes” (todos fuera) Guido Marini ha cerrado la puerta para dar comienzo al cónclave. Su archiconocida sede, famosa por los frescos de Miguel Ángel, es uno de los monumentos más visitados del mundo. A menudo los turistas se pierden, absortos en el Juicio Final, el resto de las obras que decoran la singular estancia. Boticelli, Ghirlandaio, Pietro Perugino y Lucca Signoreli realizaron a finales del s. XV una serie de paneles sobre la vida de Moises y de Jesucristo, así como una serie de retratos de los papas que habían ejercido hasta el momento.
Estos días, Roma es el centro de todas la miradas; un marco excepcional que atesora tanta belleza como historia, un testigo de excepción que será el primero en conocer la identidad del nuevo Pontífice.









