La Arqueología es una ciencia tradicionalmente tenida por auxiliar de la Historia que estudia los cambios que se producen en la sociedad a través de restos materiales distribuidos en el espacio y contenidos en el tiempo. El Buceo es una estimulante actividad deportiva, con importante componente técnico y científico. La Arqueología Submarina, una disciplina que participa de aquella ciencia y esta técnica para el estudio de los restos que yacen bajo las aguas de océanos, mares, ríos y lagos, como consecuencia de la gran importancia que la navegación tuvo en el comercio hasta entrado el siglo XIX, de las ciudades que se construyeron en la costa y hoy se encuentran cubiertas por el agua a causa de las modificaciones del nivel del mar con el curso de los siglos.
Hasta cierto punto, las aguas sirven de cámara del tiempo, en cuanto los yacimientos subacuáticos no presentan tantos deterioros como los que se encuentran en la superficie terrestre, muchas veces deteriorados por la intervención humana.
Además de ser un saber científico y técnico, la Arqueología Submarina despierta el interés de no pocos aficionados que, con respeto a las leyes que protegen el patrimonio, se inician en su estudio, contribuyendo en la medida de sus posibilidades a la exploración y divulgación, que sólo se respeta y ama aquello que se conoce.
Los fondos submarinos españoles son ricos en restos arqueológicos, dignos de ser estudiados y considerados. Y, para ello, hay organismos deportivos, como FEDAS, cuyo comité científico tiene entre sus objetivos asesorar y formar a los buceadores en la arqueología subacuática; asociaciones de divulgación, como la de Amigos de la Arqueología Subacuática; museos, como el Nacional de Arqueología Submarina, ubicado en Cartagena, que exhibe una rica colección, didácticamente ordenada; y hasta escuelas, como Arquesub, en la que, en colaboración con el club de buceo Hespérides, se imparten cursos de iniciación al alcance de cualquier aficionado.
Una vez más, el deporte puede convertirse en la excusa perfecta para viajar y, en este caso, para disfrutar de unos retazos de historia que sólo quedan a la vista de los pocos privilegiados que practican el buceo. Una actividad que, por otro lado, poco entiende de edades.









