A pesar de que el olfato no es el sentido más desarrollado en el ser humano y que hay especies con ‘mejores narices’ que las nuestras, los olores representan una parte importante del mundo sensitivo de los humanos. De hecho, un aroma es lo que más fácilmente nos trae a la memoria nuestros recuerdos (memora emocional) y es capaz de estimular a las personas, modificando nuestro estado, psíquico y emocional y por lo tanto también ciertos malestares físicos como estrés, dolor de cabeza… Olfato y cerebro están conectados y por ello también lo están los olores y emociones y actividades como el sueño, la sensualidad, la sed, la memoria, etc.
Basado en esta reacción ante los olores, se ha desarrollado laaromaterapia, hoy en día una de las técnicas más populares, sobre todo en spas, centros de masaje, etc. En definitiva se trata del uso terapéutico de los aromas, procedentes de los aceites esenciales extraídos de las plantas, para un tratamiento natural y un complemento importante para ayudar a restablecer nuestro equilibrio y armonía, además de poder ser empleada como terapia vibracional, también ayuda a la meditación, concentración, y a todas aquellas técnicas destinadas a buscar el equilibrio y armonía interior. También los aceites esenciales empleados pueden contener entre 50 y 500 sustancias químicas diferentes que poseen un gran número de propiedades medicinales capaces de, por ejemplo, dilatar o constreñir los vasos sanguíneos, servir como sedantes o estimulantes, y actuar sobre las glándulas suprarrenales, los ovarios, la tiroides o en el proceso de digestión.
En 1935, un químico francés, René-Maurice Gattefosé, empleó por primera vez el término de aromaterapia tras descubrir las propiedades medicinales del aceite esencial de lavanda sobre las quemaduras, y en 1964 el doctor Valnet, cirujano de la armada francesa, publicó Aromathérapie, para muchosla Biblia de la aromaterapia.
Sin embargo, y pese a o que pueda parecer, la aromaterapia tiene ya varias centurias de historia. Ya hace 40 siglos a.C. los egipcios hacían preparados con aceites esenciales que se utilizaban en medicina, cosmética y baños. Pero fueron los alquimistas de la Grecia clásica los que inventaron la destilación para obtener aceites esenciales, logrando conservar las fragancias y sus propiedades curativas. La Escuela Española es la más antigua de todas las escuelas de aromaterapia, ya que en los siglos IX, X y XI , durante la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos, el arte de la perfumería estaba en auge en nuestro territorio, hasta el punto de que llegaban estudiosos de todo el mundo a través de rutas como la del Camino de Santiago para empaparse de los conocimientos disponibles.
Ya en los siglos XVIII y XIX los científicos comenzaron a poder identificar muchos de los compuestos específicos de la química vegetal y extraer los compuestos activos de las plantas medicinales, lo cual condujo al desarrollo de medicamentos farmacéuticos y al rechazo de la medicina vegetal.
El método más indicado para emplear los aceites esenciales en la aromaterapia es el hornillo, en el que con el calor de una vela se calienta un pequeño cuenco de cerámica en donde se coloca agua y de 5 a 10 gotas de aceites esenciales. Igualmente se puede utilizar el aceite en baños de inmersión colocando de 10 a 15 gotas en el agua. También se puede optar por llevar con nosotros un colgante de cerámica en el cuello o llevar un pañuelo con la esencia elegida.
Si perseguimos algún tipo de fin terapéutico, y aunque no se dan contraindicaciones ni efectos secundarios, hay que seguir ciertas recomendaciones:
- No se deben usar más de tres o cuatro aceites.
- El olor debe resultar siempre agradable.
- No mezclar aceites con efectos opuestos.
- No ingerir los aceites, ni dejarlos al alcance de los niños.
- Los aceites de canela, clavo de olor, bergamota, canela, enebro, jengibre, limón, menta, pino, tomillo, no deben de estar en contacto con la piel, y no se debe tomar el sol si hemos empleado aceites esenciales bergamota, pomelo, naranja, limón, cedrón, angélica de sobre la piel.
- No sobrepasar las dosis ni el tiempo de exposición.
- Durante el embarazo no emplear albahaca, alcanfor, mejorana, mirra, clavo de olor, hisopo, enebro, cedro, salvia, romero y en caso de epilepsia evitar el romero salvia.









