La Roma del Trastévere

Roma es una de esas ciudades que nunca se acaban de ver, cada viaje es un nuevo descubrimiento y es literalmente imposible verlo todo; probablemente, ni siquiera los romanos hayan visitado todos los puntos de interés que esconde “La Ciudad Eterna”. Pues bien, uno de los barrios más pintorescos y encantadores que a menudo se deja al margen en una primera aproximación a la ciudad es el Trastévere.

Ubicado en la orilla oeste del Tíber, al sur de la Ciudad del Vaticano, el Trastévere conserva entre sus calles de trazado irregular, adoquinadas consampietrini, un buen puñado de edificios medievales, cuyas plantas bajas han sido transformadas en recoletos restaurantes románticos. Pasear al atardecer por sus plazoletas, a la luz de las farolas, es el plan favorito de las parejas que viajan a la ciudad en busca de experiencias bohemias y románticas.

Sin embargo, el Trastérvere es mucho más que eso. Se trata de un barrio lleno de historia, que creció a toda velocidad en época de Augusto, cuando se convirtió en el lugar favorito de alojamiento de los extranjeros provenientes de oriente. Con el tiempo, se transformó también en la cuna del desarrollo del primer cristianismo, prueba de ello son las Basílicas, de obligada visita, que allí se conservan.

En Santa Cecilia, donde todavía se conservan unas curiosas catacumbas, resulta sobrecogedora la representación escultórica del martirio de la Santa que da nombre a la Iglesia, realizada por Stefano Maderno. Otros monumentos que no hay que perderse son la Basílica de Santa María in Trastevere (prestando especial atención a los mosaicos de Cavallini), la Porta de San Pancrazio, la Porta Settimiana, el colegio de la Propaganda Fide, las Cárceles de Regina Coeli, la Villa Farnesina (que alberga hermosos frescos de Rafael), el Palazzo Salviati, el Palazzo Corsini, el Seminario Ruteno, el Museo Torlonia, la Iglesia de San Francesco a Ripa (que guarda una espléndida escultura tardía de Bernini) y la iglesia de San Pietro in Montorio que, según la tradición, está situado en el lugar donde martirizaron a San Pedro.

Y, entre una visita y otra, se puede disfrutar de la mejor gastronomía romana o bien hacer una parada para reponer líquidos en una enoteca, donde es fácil degustar los mejores caldos romanos. Todo un placer para los sentidos.

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