Hay quienes opinan que si Dublín se borrara súbitamente de la faz de la tierra su imagen exacta y perfecta perduraría gracias a las profusas descripciones de la ciudad que encontramos en la obra de uno de los máximos exponentes de la literatura contemporánea: James Joyce. Y es que, no en vano, “Ulises”, además de ensalzarse como una de las obras más importantes escritas en lengua inglesa, se considera la guía de Dublín más profusa jamás publicada.
Pues bien, siguiendo los pasos de Leopold y Bloom, protagonistas de la celebrada novela, nos adentramos en la ciudad que un día prohibió la hiriente prosa de Joyce para más tarde celebrarla, llegando incluso a instaurar el “Bloomsday”, una festividad que se celebra cada 16 de junio en honor del famoso personaje.
Empezaremos la visita por Sandycove, una de las torres defensivas en la ciudad, convertida hoy en un Centro dedicado a Joyce. Sus hermosas vistas al mar nos sitúan en el arranque de la novela, ya que es el lugar donde Joyce enmarca a Dédalus meditando sobre su futuro. Desde allí pasearemos hasta la Escuela de Dalkey y daremos un paseo por la playa de Sandymount.
En la zona centro se sitúa la casa de Bloom; pero el 7 de Eccles Street hace ya tiempo que no existe North Great George Street, sin embargo, a dos pasos del James Joyce Centre, en North Great George Street, se conserva la puerta original de la casa.
La zona centro sigue casi igual que en la novela y, a cada paso, es posible descubrir una estela que nos recuerda qué episodios de la novela tuvieron lugar allí. La funeraria de Nichol, el edificio de aduanas o la Iglesia de St. Andrew permanecen atemporales, como Joyce las describió. Igual que la farmacia Sewney o el Trinity College, que todavía hoy es una de las atracciones turísticas más importantes de la ciudad. El Pub de Davy Byrne, en Duke Street, sin embargo ha cambiado bastante, aunque todavía es posible pedir lo mismo que el protagonista de Ulises, un sándwich de Gorgonzola y un vaso de vino tinto.
El Museo Nacional, la Biblioteca y la zona de Temple Bar tampoco han cambiado mucho; aunque en esta última ahora encontremos más españoles que ingleses y los músicos callejeros copen sus animadas calles.
El Hotel Clarence y el O’ Connel Bridge –donde la gente sigue tirándoles pan a las gaviotas- también permanecen inmunes al paso del tiempo, como el Abbey Mooney o el Oval (78 Middle Abbey Street), dos buenas opciones para descansar disfrutando de una buena jarra de Guiness.
Seguir las huellas literarias de los clásicos es una buena opción para conocer a fondo a una ciudad y perderse en sus entresijos, aunque, en algunos casos como el que nos ocupa, son tantas las referencias y las posibles visitas, que resulta imposible aludir a todas ellas. Por ello, para una visita más a fondo del Dublín de Joyce, recomendamos comprar el “James Joyce Dublin Map” (disponible por cerca de una libra y media) y, si este sabe a poco, una buena opción es hacerse con “El Dublín de James Joyce”, un libro de Josep Ramoneda.









