Pedaleando con estilo

La búsqueda de reciclajes atractivos en el campo de la moda y la cultura de consumo provoca trasvases inesperados. El ciclismo ha sido, con permiso del boxeo y el futbol, el deporte por excelencia de los medios obreros y campesinos. La imagen desastrada y agónica de muchos héroes de la bicicleta y sus orígenes a menudo muy humildes reforzaron esa imagen. Delgados como alambres, como si escapasen a pedaladas de la pobreza, las siluetas de Fausto Coppi, Bahamontes o Charly Gaul, fueron algunas de las que asentaron esa identificación popular de los no en vano llamados “forzados de la ruta”.

En añadidura, la bicicleta fue durante buena parte del siglo XX el medio de transporte por excelencia de las clases subalternas y de los entornos alternativos: proletaria y hippie, para entendernos, vehículo de modestos carteros rurales y estudiantes ecologistas que no tenían para coche o se decantaban ya por transportes verdes.

Por todo ese pasado y mitología causa cierta sorpresa que en los últimos años hayamos asistido a una apropiación chic de la bicicleta, tanto como objeto y medio para moverse como de su estética. Eso sí, pasado por un tamiz pijo y urbanita, que atraída por los perfiles más románticos y vintage del fenómeno, siente menos predilección por su prosa sudorosa y descamisada.

Las bicicletas de diseño y alta gama, pensadas para moverse por la jungla de asfalto sin esfuerzos de más y, sobre todo, sin perder la compostura, han sido un terreno clave para este cambio de imagen. Marcas como Biomega, que dice fabricar “muebles para la locomoción” se decantan por vender innovación tecnológica, mientras que Leikier Velorbis representa la artesanía virtuosa y Schwinn o Umberto Dei la tradición señorial (y que se hace pagar), por poner ejemplos. Pero también las bicis eléctricas o incluso excentricidades como los tándems o los modelos con remolque viven un momento de esplendor.

Pero con ese derroche estético en radios y sillines, la ropa y complementos no pueden irle a la zaga. De eso se encargan marcas y diseñadores que se han inspirado en las dos ruedas. Phillip Lim, por ejemplo, tomó el concepto “chicas en bicicleta” como eje de su colección de otoño-invierno. Nada nuevo si tenemos en cuenta que ya en 2009, la ciudad irlandesa de Cork organizó un certamen de moda “ciclista” y que grandes emporios como DKNY se hayan apuntado tantos con diseños de esta misma cuerda. Para los complementos, alforjas como las de Ortigiano o todo el repertorio de cosas cucas que tienen en la tienda Ramonas de Barcelona.

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