Sin duda, puestos a ponerle pegas a un posible viaje a San Petersburgo, el mayor de los problemas es la distancia. Sin embargo, el vuelo desde Barcelona tan sólo dura cuatro horas y los billetes de avión tampoco son tan caros como podría parecer; es posible conseguirlos por un precio que parte de los 250 euros en adelante. La mejor época del año para viajar es entre mayo y septiembre, cuando las frías temperaturas que caracterizan la ciudad suben para posicionarse en torno a los 20 grados. Los meses de verano son, por otra parte, idóneos si se quiere ser testigo de las famosasnoches blancas en las que la luz no llega a abandonar del todo la ciudad, a causa de su proximidad con el círculo polar. Si no le temes al frío, el invierno tampoco es mala opción: ríos congelados y una estampa nevada convierten la ciudad en lugar con mucho encanto. Además, en estas fechas es posible ver “la casa de hielo” en el Palacio de Hielo.
La ciudad, que fue fundada en 1703 por el primer Zar, Pedro I “El Grande”, ha ostentado varios nombres a lo largo de la historia, según han ido cambiando los acontecimientos políticos. Hasta 1918 fue capital de Rusia y, por su arquitectura y el impulsó artístico del que la dotó su fundador, se convirtió en el reflejo oriental del mundo de occidente. Sus grandes avenidas y sus ostentosos edificios de gusto neoclásico tomaron su inspiración en París y su estratégica situación, abierta al mar, la convirtió en un foco perfecto para el comercio con occidente.
Cuna de la Revolución Rusa, la ciudad ha sido testigo de algunas de las transformaciones más trascendentes de la historia. Sus monumentos más visitados son el Museo Hermitage, uno de los centros de arte más importantes del mundo, situado en la antigua residencia de los zares rusos, incluyendo el “Palacio de Invierno”; la Fortaleza de Pedro y Pablo, zona central de la ciudad y epicentro desde el que creció la urbe; la Catedral de San Pedro y San Pablo, famosa por albergar las tumbas de los zares; laCatedral de San Isaac, sorprendente por sus dimensiones, la riquísima ornamentación de su interior y por la hermosa vista de la ciudad que ofrece; la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, lugar del asesinato del zar ruso Alejandro II y también de enorme belleza; y por último, el Museo Ruso, que ofrece una asombrosa selección de lo mejor del arte autóctono (iconos, pintura, escultura…).
Estas son sólo algunas de las atracciones turísticas de San Petersburgo, pero lo cierto es que toda la ciudad es un espectáculo para los sentidos; plazas, puentes, avenidas, casas, mercados e iglesias culminan una visita de esas que, por lo menos, hay que hacer una vez en la vida. De momento ahí va un video para abrir boca.









