Estética y cabeza

Si hablamos de la toxina botulínica quizá muchos no sepan de lo que se trata, pero seguro que si mencionamos le término botox, ya todos reconocemos, grosso modo, el popular tratamiento estético contra las arrugas. Sin embargo, el botox tiene otras aplicaciones de un carácter más relacionado con la salud que con la estética como en casos de parálisis faciales, contracciones musculares, dolores crónicos o estrabismo. Es en esta línea la seguida en una de las últimas aplicaciones del botox, el tratamiento de las migrañas crónicas, que tan rebeldes se suelen mostrar ante los tratamientos farmacológicos.

Ya en octubre de 2010 la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) de Estados Unidos aprobó el empleo de la toxina botulínica tipo A (botox) como tratamiento preventivo para las migrañas crónicas, y ahora en España dos hospitales valencianos lo van están aplicando, aunque de momento reducido al llamado ‘uso compasivo’, fórmula con la que se denominan los tratamientos en los que se administran fármacos que aún no han sido aprobados oficialmente para una determinada indicación. Sin embargo se espera que en pocos meses el botox pueda ser recetado en el resto de pacientes con migrañas y no sólo para las más severas.

Este tratamiento consiste en inyectar pequeñas dosis de botox alrededor de la cabeza, específicamente en los lugares que las migrañas atacan con más frecuencia: la frente, las sienes o la parte posterior de la cabeza. Con él se está logrando mejorar la calidad de vida de unos pacientes que en muchas ocasiones ven limitada su vida por unas migrañas que les causan no únicamente intensísimos dolores de cabeza de origen desconocido, sino también otros síntomas como náuseas, debilidad y un gran malestar ante la presencia de luz y del mínimo ruido, e incluso se puede llegar a adormecer parte del cuerpo y perderse parte del habla. A pesar de que es uno de los problemas de salud más incapacitantes, según la según la Organización Mundial de la Salud, y que afecta a un 18% de las mujeres y un 8% de los varones, poco se sabe de ella, salvo que presenta una tendencia genética, pero se desconocen los genes implicados en su aparición.

El botox o la toxina  botulínica es una proteína producida por una bacteria, la Cl. Botullinum, que una vez purificada y en dosis mínimas se emplea para producir una relajación selectiva de los músculos.

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