El capricho y la imaginación de los ‘diseñadores’ de las islas artificiales son los que dictan que estas islas creadas por la mano del hombre presenten formas que rozan lo rocambolesco (de mapamundi, de palmera o de cualquier otra inspiración floral) y que cuenten con servicios como aeropuertos flotantes y exclusivas áreas residenciales envueltos en un pretendido sistema sostenible que combata el cambio climático con plataformas generadoras de energía renovable, aunque en realidad los efectos sobre el medioambiente suelen ser terroríficos.
Posibles gracias al desarrollo tecnológico, las islas artificiales suelen estar construidas a base de arena o rocas como una expansión sobre pequeños filones, terrenos ganados al mar, aunque últimamente también se desarrollan con estructuras más parecidas a las de las plataformas petroleras. Se pueden encontrar desde Austria a Singapur, pasando por Canadá, Dinamarca, Rusia… Pero una parte importante, o al menos las más conocidas, se encuentran en el entorno del medio oriente, en los países árabes del petrodólar. Uno de los ejemplos más populares, “The Palm”, se encuentra en Dubai (Emiratos Árabes Unidos). Se trata de un conjunto de tres islas artificiales gemelas, en forma de palmera, y con medio centenar de hoteles de lujo, miles de villas residenciales y todo tipo de instalaciones comerciales y deportivas diseñadas para atraer la atención de las fortunas más importantes. En el mismo Dubai se puede encontrar otro proyecto,“The World”, iniciado en 2007 aunque paralizado por la crisis económica, se ha diseñado como un mapa del mundo en el que se representan en sus 300 islas los principales países del mundo. Su final no parece muy halagüeño, ya que a principios de año saltó la noticia de que se está hundiendo.
Pero los citados no son los únicos casos de islas artificiales. El continente americano está plagado de islotes de estas características y ciudades como San Francisco, Miami, Chicago, Nueva York o Seattle disponen de algunas de estas construcciones. También en Canadá es muy conocida la isla Notre-Dame, en Montreal, mientras que en Sudamérica Panamá, Perú o Bolivia también cuentan con este tipo de ‘construcciones’. En otros casos, las islas artificiales se utilizan para disponer de infraestructuras que no caben en tierra firme, como ocurre en Japón, que cuenta con cuatro aeropuertos emplazados en islas artificiales: Kansai (1994), Chubu (2005), Kobe y Kitakyushu (2006).









