Leonard Cohen está en Oviedo para recoger su premio de las Letras y embriagarnos con su natural elegancia.
“Profesión: poeta”. Eso ponía en un antiguo pasaporte de Cohen, el canadiense errante de origen judío que vivió la bohemia de Montreal y del folk americano en sus años mozos, mientras editaba sus primeros poemarios pero empezaba a hacerse famoso eminentemente por su faceta como cantautor.
Y es que música y lírica siempre han ido de la mano en uno de los más admirados letristas de todos los tiempos. Sus obras de finales de la década de los 60 y principios de los 70 contienen algunas piezas ya clásicas, como Famous Blue Raincoat, Nancy, Story of Isaac o su emblemática Suzanne. Luego, en el año 1988 volvería a dar un campanazo con su “I’m your Man”, plagado de grandes éxitos y que tendría un peculiar y apasionante eco entre nosotros: el disco flamenco y rockero de Enrique Morente con Lagartija Nick que versionaba alguno de esos temas.
De hecho, la relación de Cohen con España ha sido estrecha, sobre todo por su devoción a la obra de García Lorca y el préstamo de algunos de sus mejores versos para componer obras sublimes como su Take this Waltz que aquí podemos ver en versión subtitulada.
Lo cierto es que aunque su carrera de corredor de fondo ha sido cualquier cosa menos fugaz y juvenil, pero incluso él sintió en su día la tentación de retirarse o casi. Habiendo abrazado la disciplina de un monasterio budista en California, sus discos se espaciaron y sus comparecencias en los escenarios desaparecieron. Pero a los 70 años, aunque el detonante fueran los problemas derivados de un desvío de fondos por parte de su gestora financiera, Cohen volvió a las tablas.
Al principio pocos confiaban en las posibilidades de un hombre mayor y de cuyo estado de forma y voz se dudaba. Pero su gira fue un éxito contundente que no sólo atrajo a sus fans veteranos, sino a gente que no había nacido cuando él ya sonaba en las radios. Es la misma que ayer le recibió encandilada en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo, demostrando como las barreras generacionales se rompen con la fuerza de la comunicación, mientras este mito vivo sorprendía a todos por su cordialidad, humildad y alegría espontánea por el recibimiento que se le ofrecía. Unos actos de homenaje que siguieron por la noche en el Teatro Jovellanos continuarán hoy con la entrega del premio Príncipe de Asturias de las letras (paradójicamente no el de las artes). Y con su inseparable sombrero, su traje impecable y su porte de caballero enamoró a propios y extraños, sin que su avanzada edad fuera excusa. Todo un ejemplo de cómo ser un gentleman senior.









