El Cervantes, para una ‘quijotesca’

Los últimos premios en materia de literatura nos están dejando más que claro que los seniors siguen teniendo mucho que decir en este terreno. Después de la grata sorpresa que recibimos tras enterarnos del nombre del último Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa -uno de esos “jóvenes” de 74 años-, se ha dado a conocer que Ana María Matute, a sus 84 años de edad, ha sido galardonada con el Premio Cervantes de Literatura.

Para la escritora -una mujer trabajadora, jovial, imaginativa y emprendedora- la noticia ha sido toda una sorpresa y, sobre todo, una gran alegría. Tanto, que apenas se lo creía y, tras asimilarlo sus palabras han sido “la vida es mágica”. Admirable actitud para una mujer que ha vivido en sus carnes la parte más desalentadora de la historia española y que, sin embargo, ha afrontado siempre su carrera desde una actitud renovadora, dinámica, reivindicativa y -por qué no, optimista- dejando tras de sí un valioso legado de obras en las que las esperanzas de la infancia entran en contraste vivamente con la crudeza de la realidad. Eso, sin hablar de lo que todavía le queda por hacer, y es que el genio creativo de esta niña con cuerpo de anciana está muy vivo: la escritora ha afirmado que tiene su próxima obra en mente.

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Matute ya fue galardonada con el Premio Nacional de las Letras Españolas en el año 2007, un reconocimiento que, igual que el que acaba de recibir, se otorga en recompensa a toda la trayectoria literaria de un autor. Sin embargo, el Cervantes -dotado con 125.000 euros- parece que se le resistía; Ana María ya había sido candidata y finalista en varias ocasiones, de ahí su intensa alegría al conocer la noticia. La escritora ha celebrado el premio por todo lo alto y, mientras su familia la animaba a tomarse un descanso, durante la jornada en que conoció la noticia, Matute prefirió seguir calzada en sus tacones y salir por ahí de cena a celebrarlo. Y, mientras disfrutaba de la comida, atendía solícita las llamadas de la prensa pidiendo disculpas jovialmente por su sordera y declarando “Soy feliz, muy feliz”.

Un buen ejemplo el de esta escritora que ha demostrado, además de ser una gran maestra de las letras, que es posible llegar a la senectud sin perder un ápice de vitalidad y conservando la ilusión por el trabajo bien hecho.

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