Es prácticamente imposible hablar de Praga sin que inmediatamente acudan a nuestra memoria los nombres de algunos de los grandes genios que estuvieron íntimamente ligados a esta ciudad, considerada como una de las más bellas del mundo. Músicos, como Mozart o Dvorak, y literatos, como Rilke o Kafka, se inspiraron entre sus calles y triunfaron en esta urbe centroeuropea también conocida como “La ciudad dorada”; un sobrenombre que no está muy claro si procede de la época de Carlos IV, cuando las torres del Castillo de Praga fueron doradas, o del reinado de Rudolfo II, que apoyó a los alquimistas en su búsqueda de una fórmula para fabricar oro.

Toda la esencia del ambiente literario de Praga reside en sus cafés, especialmente en el burgués Café Louvre, muy frecuentado por Franz Kafka y Max Brod; pero también en el Café Unión y en el famosísimo Café Slavia, cuyas paredes han sido testigo de las tertulias, los entretenimientos y los amoríos de Rainer Maria Rilke, Franz Kafza o Jaroslav Husek. Tampoco hay que olvidarse del Salón Literario El unicornio dorado, donde se organizaban tertulias que gozaron de gran fama en los albores del siglo XX.

Kafka nació en la parte medieval de la urbe, todavía se conserva la fachada de su casa, situada en el número 5 de la calle U Radnice, al nordeste de la plaza de la ciudad vieja; muy conocida por su Reloj Astronómico de 1410 y por ser el marco para la Catedral de Tyn. Muy cerca de allí está el famoso Puente de Carlos (1700), coronado por treinta esculturas barrocas que se iluminan fantasmagóricamente cuando cae la noche, y el Castillo de Praga, la mayor fortaleza medieval del mundo, fundada en el siglo IX por los reyes de Bohemia. Este enorme complejo que alberga la Catedral de San Vito y el Palacio Real es también el marco que inspiró El Castillo, una de las novelas inconclusas de Kafka. En sus alrededores podemos descubrir el que fue uno de los lugares favoritos del escritor, el Parque Chotek, un bello remanso de paz dentro de la ciudad; así como la casa de Bbilekgasse, alquilada por el escritor y su hermana, que fue el lugar donde escribió, entre otras cosas, El Proceso.

La relación de Mozart con esta bellísima ciudad fue un auténtico flechazo, no sólo por ser el marco perfecto para el estreno de algunas de sus piezas, sino que, además, fue el lugar donde el compositor se sintió como en casa, gozando de gran reconocimiento; aunque, finalmente, no optara por asentarse en la ciudad y, tras los exitosísimos estrenos de Las Bodas de Fígaro y Don Giovanni, volviera a Viena. Otro gran compositor checo que sí vivió en Praga es Dvorak, uno de los más grandes músicos de finales del siglo XIX que estudió y triunfó en es la ciudad dorada que fue, sin duda, la mejor inspiración para obras de carácter folclórico, como los Duetos de Moravia o las Rapsodias Eslavas.

Y es que Praga es una ciudad evocadora para los artistas, donde el turista avispado puede dejarse llevar por la sinfonía de su belleza y el encanto de sus misteriosos rincones, donde la inspiración que fue musa de literatos y músicos duerme silenciosa esperando a ser llamada.









