La semana pasada se dio a conocer la noticia de que el Premio Príncipe de Asturias de las Artes este año irá a parar a las manos de Richard Serra, un escultor norteamericano que ha desarrollado gran parte de su carrera en nuestro país. Su pasión por España se remonta a sus orígenes, ya que el californiano es hijo de un mallorquín, gracias a lo que ha pasado largas temporadas en nuestra tierra, convirtiéndose además en un gran apasionado de algunos de nuestros artistas autóctonos, como Julio González, Jorge Oteiza o Picasso.

A propósito del premio no se nos ocurre mejor idea que proponeros que os acerquéis a visitar algunas de las obras del genial escultor que se conservan en nuestro país, especialmente la excepcional exposición permanente de sus piezas de enorme formato que, bajo el título “la materia del tiempo”, se exhiben en Museo Guggenheim de Bilbao.
La aparente sencillez de las esculturas que conforman “La materia del tiempo” esconde una buena dosis de sensibilidad y otra de contenida emoción -pese a su aspecto de absoluta perfección formal, que podría relacionarse con la frialdad propia del minimalismo- pero, sobre todo, estas piezas esconden un trabajo intelectual lleno de complejidad. Las ocho gigantescas esculturas que se pueden ver en la sala más amplia del centro de arte bilbaíno están creadas partiendo de secciones de toroides y esferas, gracias a las que Serra consigue crear en el espectador diversos efectos visuales, que afectan al movimiento y la percepción, en su deambular en torno a las piezas. El hecho de que las esculturas estén concebidas específicamente para el espacio en el que se exponen, convierte la visita en un juego apasionante donde el espectador recorre el espacio, que se trasforma constante y vertiginosamente provocando excitantes efectos de sorpresa.
Los espacios que se comprimen, las alturas que crecen y menguan, las proporciones cambiantes y la incertidumbre de no saber hacia dónde te mueves convierten la visita a la sala más grande del museo en un auténtico mar de expectativas e incertidumbre pero, sobre todo, en un placer visual. Gracias a la materia (acero patinable), trabajada con un preciso acabado pero sometida a una oxidación que la dota de diversas tonalidades, y a los juegos de luz producidos por los cambios volumétricos, el deambular a través de las piezas termina por convertirse, además, en una experiencia estética inolvidable, en la que el tiempo transcurre no sólo en nuestro recorrido, sino también convirtiéndose en memoria.

Si vives en Barcelona o Madrid, y no tienes planeado un viaje relámpago a Bilbao, estás de suerte, ya que también se conservan piezas del artista galardonado entre los fondos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y del MACBA de Barcelona; eso, si no se pierden, como sucedió hace relativamente pocos años en el museo madrileño…
Créditos fotográficos: Esculturas de Richard Serra, en la exposición permanente “La materia del tiempo” del Guggenheim Bilbao
Photo: Erika Barahona Ede. © FGBMGuggenheim Bilbao Museoa









