Queda menos de una semana para que tenga lugar uno de los fenómenos solares más importantes y sobrecogedores de Egipto, conocido vulgarmente como “el Festival de Abu Simbel”, aunque poco tiene que ver con una fiesta lo que sucederá el próximo día 22 de febrero. Antes de adentrarnos en el curioso fenómeno, vale la pena conocer un poco más a fondo la historia de los dos templos que conforman el conjunto religioso faraónico de Abu Simbel, uno de los imponentes y monumentales del país del Nilo, pero también de los más misteriosos.
Estos dos templos de proporciones escandalosas construídos por encargo de Ramses II hacia el año 1240 a. C. están excavados en la piedra de una formación montañosa -de ahí procede su nombre, Abu Simbel, que significa Montaña Pura- próxima a Asúan, en el sur de Egipto. Se desconoce porqué el famoso faraón escogió este emplazamiento: tal vez para mostrar su magnificencia a los estados fronterizos, quizá como prueba de amor a su esposa favorita, Nefertari, a quien está dedicado el más pequeño de los dos santuarios del conjunto. El santuario mayor -que está dedicado al culto del propio Ramses y al de los dioses Ptah, Amón y Ra-Horajti- es dónde tiene lugar el fenómeno solar que nos ocupa y, en su entrada, cuatro colosos sedentes que representan al faraón reciben al visitante, quien no puede sino asombrarse ante los 21 metros que miden estas estatuas, esculpidas directamente sobre la roca. Hacia el interior, las estancias, cubiertas de jeroglíficos, cada vez de hacen más pequeñas, hasta llegar al sancta sactorum del templo, donde encontramos cuatro figuras de escala humana que representan a los dioses -incluyendo a Ramses II- a los que está dedicado el templo.
Dos veces al año, el 22 de febrero y el 22 de octubre, allí tiene lugar lo que más técnicamente se conoce como “Perpendicular del sol sobre Abu Simbel”; un fenómeno que nos muestra la maestría y originalidad de los arquitectos de hace más de 3000 años. Gracias a la perfecta orientación del templo, al amanecer de estos dos días, el sol atraviesa las diversas salas, hasta iluminar una a una, como si de un foco se tratara, las estatuas de tres de los dioses representados en el sancta sanctorum; la cuarta, dedicada a Path, no recibe ningún rayo, por ser el dios relacionado con la oscuridad y lo nocturno. Es un misterio la razón por la que Ramses escogió estas fechas, aunque la mayoría de las teorías apuntan a que podría tratarse del día de su cumpleaños y el de su coronación.
Como curiosidad, vale la pena saber que cuando se construyó la presa de Asuán, allá por los años sesenta, los templos tuvieron que ser desplazados piedra a piedra y nuestros arquitectos, no tan hábiles como los maestros del Antiguo Egipto, no consiguieron disponerlos exactamente igual, por lo que este curioso fenómeno solar tiene lugar unos días después de lo que debería. Ni el desfase, ni el cambio de lugar, han conseguido que este templo continúe siendo una de las atracciones más visitadas de la tierra de los faraones, y más durante estas señaladas fechas.









