Toda gran historia de amor romántico, apasionado y, en su mayoría, clandestino, ha encontrado su máxima expresión en las cartas de amor. Y aunque aún extraña, más aún en estos tiempos en que las declaraciones amorosas y en general la comunicación ha dejado de lado el romanticismo de escribir a mano una misiva, que algunas personas estén dispuestas a pagar casi cualquier precio por las cartas de amor de personajes históricos o famosos. Puede que la explicación sea satisfacer la curiosidad de conocer la cara más secreta e íntima de estos personajes o, simplemente, tratar como reliquia tan romántica prueba de amor.
La semana pasada, la casa de subastas Christie’s adjundicaba por 67.000 euros 52 cartas firmadas y dos telegramas enviados por la intérprete francesa Edith Piaf entre el 15 de noviembre de 1951 y el 18 de septiembre de 1952 a su amante, el ciclista Louis Gérardin “Totó”. Esta correspondencia comenzó dos años después de la muerte del gran amor de Edith Piaf (1915-1936), el boxeador Marcel Cerdan, en un accidente de avión, y se mantuvo hasta la boda de la artista con el también cantante, Jacques Pills, en Nueva York. Esta colección de misivas, no obstante, es la última que ha sido subastada pero no la única historia de amor por cartas que ahora pertenece a un anónimo coleccionista.
Mucho más astronómico -400.000 euros- llegó a ser la puja que alcanzaron las cartas de amor de Napoleón a su futura esposa Josefina Beauharnais, de la que se declaraba profundamente enamorado. En una de sus apasionadas misivas escrita el 8 de junio de 1796 y enviada desde Milán a París decía ”No pido amor ni fidelidad eternos, únicamente… la verdad, una franqueza ilimitada. El día que me digas -te amo menos- será el último día de mi amor o el último de mi vida”. A pesar de tanto amor, años después se divorciaría para unirse con María Luisa de Austria, miembro de uno de los linajes más antiguos de Europa.
Ni siquiera Albert Einstein se ha librado de que vendan sus sentimientos escritos. Hace unos años, la casa Sotheby´s subastaba nueve cartas de amor del padre de la física moderna a Margarita Konenkova, supuesta espía rusa durante la Segunda Guerra Mundial. Las misivas se sucedieron entre noviembre de 1945 y julio de 1946, cuando Einstein tenía 66 años y Konenkova 51 y estaba casada con el escultor ruso Sergei Konenkov.
Calificados como documentos históricos, de interés científico o sociológico, el interés que despierta en los coleccionistas este tipo de manuscritos ha propiciado la aparición de un negocio de sentimientos. Pocos personajes famosos se libran de ver cómo un antiguo amor vende las pruebas de los sentimientos que les unieron. Bob Dylan, Maria Callas, Lady Di o el príncipe Carlos de Inglaterra son otros casos conocidos.









