Poco podría imagina el diseñador Christian Lacroix que dos décadas después de crear la firma de Alta Costura que lleva su nombre lograría erigirse en una de las casas más exclusivas y admiradas del mundo y caer, como sólo las grandes empresas lo hacen, de golpe. Esta misma semana, la casa de moda francesa anunciaba su insolvencia dejando en manos de la corte comercial de París el proceso de insolvencia o la liquidación.
Este duro varapalo para el mundo de la Alta Costura, no tanto por la posible desaparición de una de las firmas más prestigiosas sinónimo de glamour y espectacularidad sino por la llegada de la crisis al mundo del lujo, puede hacer temblar los cimientos de este mercado dirigido a unos pocos. Y es que, de momento, Christian Lacroix, que pertenece al Grupo Falic desde 2005, no tiene fondos para preparar próximas colecciones.
Mientras los hermanos Falic, directivos del Grupo, buscan un comprador para que la casa de modas no desaparezcan, como publicaba Le Figaro, ésta ha sido puesta bajo administración judicial por un período de observación de seis meses y más de un centenar de trabajadores ven peligrar su empleo. El mismo Lacroix, diseñador y creador de la firma, tenía contrato hasta 2010, ahora en el aire y con la incertidumbre de si sus impactantes creaciones pasarán a formar parte de la Historia de la Moda del siglo XX-XXI.
El barroquismo, la excentricidad y el eclecticismo de tendencias han sido, durante estas dos décadas, las señas de identidad de Lacroix, cuyos desfiles siempre han sido de los más esperados en las grandes pasarelas del mundo y, a pesar de lo reducido de su exclusiva clientela, no han sido pocos los que sólo disfrutaban con sus ver sus creaciones.









