Todo listo, las maletas, los billetes, lps ánimos y los sueños. Y claro está, la despreocupación que conlleva toda aventura, la dulce sensación de dejarse flotar por espacios extraños y parajes de poder balsámico. ¿Quién es tan agorero de pensar en contratiempos, en accidentes, en enfermedades?
Y sin embargo, todo viaje conlleva unas pequeñas pero inevitables diligencias previas y, como la más fundamental, sobre todo nosotros viajeros ya veteranos, hay que tomar el cuidado de la salud como parte de las mismas.
En primer lugar, y dejando de lado las necesidades de medicación especial, un pequeño botiquín de mano, que ocupa poco espacio, nos puede salvar de más de un apuro. Pero este artículo no va enfocado tanto a esa precaución como a la de saber las garantías que ofrece nuestro destino en caso de vernos aquejados de algún mal inesperado.
Prioritario es el caso de aquellos paises que padecen epidemias endémicas o en los que se recomienda (o exige) vacunación previa. Enfermedades como el dengue, el paludismo o las fiebres amarillas entre otras distan mucho de estar erradicadas en una parte muy sustancial del planeta. Para acceder a información actualizada, el Ministerio de Sanidad y Consumo cuenta con una excelente base de datos que ofrece consejos sanitarias y glosa las posibles amenazas de todos los paises del globo, así como facilita las direcciones de los centros de vacunación de todas las provincias del estado.
Pero aun con esas cautelas, puede darse el caso de que caigamos enfermos fuera de casa o suframos un percance que obligue a acudir a un hospital o centro de salud mientras estamos en ruta ¿Sabemos qué derechos tenemos en esos casos?
Porque aunque estemos habituado a un sistema total de cobertura, realmente esa circunstancia es un derecho que nos hemos ganado los europeos y que resulta casi exclusivo de nuestro estado del bienestar. Así, dentro de la Unión Europea, se puede conseguir gratuitamente una tarjeta sanitaria que homologa nuestra situación a los de los ciudadanos de otros países comunitarios (esto es, en la mayoría de casos, atención sin pagar o por sumas muy modestas y asumibles). Para conseguirla hay que dirigirse a una oficina del INSS en la que nos darán cumplida información de los detalles concernientes a cada país en concreto. En su defecto, y si se dispone de un certificado digital, también existe la comodísima posibilidad de imprimirse en casa un Certificado Provisional que tiene los mismos efectos, aunque como el nombre indica sirva para desplazamientos de corta duración (normalmente más que suficientes para unas vacaciones convencionales).
Pero una vez fuera del terruó europeo, es muy importante saber qué convenios existen con España y, como ocurre en casi todos los casos, si se requiere un seguro médico para solventar cualquier eventualidad. Existen muchas empresas, a veces recomendadas por la misma agencia en la que contratemos nuestros viajes, dedicadas a ofrecer esos servicios que por distintas tarifas nos aseguran cualquier clase de intervención. Una inversión que merece mucho la pena, porque incluso una mera consulta sin seguro en lugares como Canadá o Estados Unidos puede convertirse en una broma muy cara, no digamos ya un ingreso o un tratamiento.









