Hace casi 100 años que en una madrugada de abril el barco más grande, lujoso, presumiblemente, en la época, indestructible, y famoso de la Historia se hundió tras chocar contra un iceberg en su travesía inaugural con cientos de pasajeros a bordo. La tragedia del Titanic en el Atlántico Norte ha servido de inspiración a directores de cine y escritores y ahora, se trata de reconstruir todo el lujo y comodidades de su interior en una muestra en Madrid junto a la Plaza de Colón.
Pasajeros, bienvenidos al Titanic. Aunque difícil de explicar, los visitantes a la exposición Titanic deberán imaginar que el trasatlántico ha hecho escala en Madrid y ellos son sus pasajeros de lujo. Tras recibir tu billete –réplica- del Titanic comienza un viaje cronológico por la construcción del buque, la vida en el buque con recreaciones de las cabinas de primera y tercera clase, el puente de mando o el Café Verandah, espacio inspirado en el café de la clase más lujosa, su trágico hundimiento, y los 230 sorprendentes objetos rescatados del fondo del mar por la compañía RMS Titanic Inc, organizadora de la exposición como los pequeños frascos de perfumes del perfumista Adolf Saafeld; las vajillas en las que comían los pasajeros, las piezas de porcelana con el logo de la naviera White Star Line, e incluso una botella de champán que nunca fue descorchada.
Pero no solo los espacios y su Historia son protagonistas de esta exposición, también lo son los 2.228 pasajeros del Titanic, de los que murieron más de 1.500. De hecho, al final de la muestra se cuenta la historia de una pareja española que viajaba en el Titanic, Víctor Peñasco Castellana y su mujer María, cuya luna de miel acabó en una tragedia de la que ella sobrevivió.









