La reina de Inglaterra, Isabel II, aprovechando que abandona sus reales aposentos en verano, ha decidido mostrar al mundo uno de los rincones que más admiración despierta entre sus privilegiados invitados al Palacio de Buckingham, el Salón de Baile. Mañana abrirá fastuoso sus puertas a todos aquellos visitantes que quieran simular por unas horas ser agasajados por la monarca británica.
Dicho salón, lugar en donde los mandatarios extranjeros reciben la cena durante su primera noche de estancia y causa de emoción de Carla Bruni en su primera visita como primera dama francesa al Reino Unido, está presidido por una impresionante mesa de 53 metros en forma de herradura. Sobre ella, con una pomposa selección de plata dorada procedente de la gran vajilla real -que se utilizó por primera vez para festejar el cumpleaños de Jorge III-, y dispuesta siguiendo un estudiadísimo y cuidadísimo orden. Entre las copas –del cristal más fino-, la vajilla de porcelana de Sèvres, los cubiertos de plata, y la colección de candelabros de tamaños variables según el estatus del comensal, se completan 5 mil piezas.
Hasta un centenar de sirvientes son los encargados de que todo lo que se sirva, coma en esa majestuosa mesa y decore la sala sea perfecto. Tanto es así, que se dice que planear un Banquete de Estado en esta estancia del Palacio puede llevar hasta seis meses.
Este verano tenemos la oportunidad histórica de, hasta el 29 de septiembre, experimentar dentro de una visita guiada por el Palacio de Buckingham el espectáculo que es el Salón de Baile del Palacio preparado para un Banquete de Estado.









