Crisis, gastar más de lo que tenemos… Poco importa la causa; lo cierto es que son muchas las personas que no pueden hacer frente a los pagos de sus deudas (hipotecas, tarjetas de créditos, financiación del coche, muebles, electrodomésticos…), a veces hasta el punto de no poder llegar a fin de mes. Una ‘solución’ a esta situación pueden ser las llamadas ‘reunificaciones’ o ‘refinanciaciones’, que lejos de ser la panacea, pueden ser una salida, aunque, como no podía ser de otra manera hablando de créditos, con un coste. Este producto de carácter hipotecario no es más, simplificando bastante la cuestión, que unir los diferentes préstamos en uno, logrando que las entidades concedan una cuota mensual más baja a cambio de alargar el tiempo durante el que vamos a estar pagando el crédito. Pero no es todo. Además de elevarse considerablemente los intereses del nuevo préstamo, para optar a él es necesario que el cliente cuente con una vivienda, con o sin cargas, ya que se utilizará como aval. Con estas condiciones y si la entidad da su visto bueno tras un exhaustivo estudio, se firmará la nueva hipoteca. La demanda de estos productos en los dos últimos años ha crecido de forma considerable, y especialmente en los últimos meses, eso a pesar de las reticencias mostradas por bancos y cajas, ya que hay que tener en cuenta que cuando los préstamos se firman con diferentes entidades, el riesgo de impago se reparte, pero si se unifican en una nueva hipoteca, es una única entidad la que asume todo el riesgo. Esto ha hecho que en las actuales circunstancias, en las que la crisis ha provovado el aumento del número de morosos, entre el 70% y el 90% de los intermediarios que operaban en este ámbito ya no lo hagan y que sólo los más grandes (que cuentan con acuerdos de colaboración con las principales entidades financieras) siguen en operando. A pesar de las reservas lo cierto es que las entidades siguen concediendo este tipo de operaciones no sólo porque son una solución para miles de familias, sino porque suponen una oportunidad de captar los clientes hipotecarios más rentables. Y es que aunque el índice de morosidad es alto, su crecimiento se ha desacelerado en los últimos meses. Además, hay que tener en cuenta que esta morosidad es menor en el ámbito hipotecario que en el de los préstamos personales al existir una mayor preocupación por pagar cuando lo que está en juego es la vivienda. Pero como nadie da duros a pesetas, los criterios de selección que aplican las entidades son muy rigurosos y estrictos, y por lo general sólo se autoriza la unificación de préstamos a clientes conocidos y a aquellos a los que las deudas no les ahogan. Tampoco se permite que el capital total que queda por amortizar, y que compondrá la nueva hipoteca, supere el 80% del valor de tasación del piso, un factor que ha frenado numerosas operaciones de esta índole en los últimos dos años, dada la caída del precio de los inmuebles que ha provocado una desvalorización de las casas. Otra condición es que la nueva amortización no puede superar los 30 años y la cuota no puede superar el 35% de los ingresos netos mensuales de la unidad familiar. El resultado es la obtención de una cuota mensual reducida hasta en un 50%









